La sostenibilidad en la industria del café: de sueño a crisis permanentes
La industria del café tiene siglos de historia, pero la historia del café de especialidad y su sostenibilidad es mucho más reciente. Cuando Erna Knutsen acuñó el término en 1973, la intención era reconocer cafés excepcionales, diferenciarlos del café comercial y ofrecer más transparencia al consumidor. Con el tiempo, organizaciones como la Specialty Coffee Association of America (SCAA, fundada en 1982) y el Coffee Quality Institute (CQI) se sumaron al esfuerzo. La idea era crear una industria donde la educación, la calidad del producto y la conexión directa entre productores y compradores generaran beneficios para todos.
Programas como la Cup of Excellence llevaron esa visión a la práctica: subastas de cafés excepcionales, relaciones comerciales a largo plazo y precios premium basados en la calidad. Se trataba de que el café no fuera una mercancía más, sino un producto diferenciado cuyo valor se reconociera desde su origen y más sostenible que el comercial.
Sin embargo, a día de hoy, uno se puede preguntar…
¿Ha mejorado realmente la vida de quienes cultivan el café?
La realidad de la sostenibilidad para los productores de café
La respuesta, según muchos expertos y productores, es que no ha cambiado lo suficiente. A pesar de ferias, competiciones, protocolos de cata y cursos de formación, el desequilibrio en la cadena de valor sigue siendo profundo.
- Una cadena desigual: Los márgenes de beneficio crecen en la parte final de la cadena (tostadores, distribuidores, cafeterías). En origen los ingresos se estancan o disminuyen.
- Dependencia del mercado C: Incluso el café de especialidad está atado a las fluctuaciones del mercado de materias primas, donde los precios no reflejan los costos reales de producción.
- Insostenible: Durante la mayor parte de la historia moderna del café, los productores han recibido precios por debajo del coste de producción. No es raro escuchar a agricultores decir que “ya no vale la pena” cultivar café. Esto hace que la siguiente generación, viendo las dificultades económicas de sus padres, opte por migrar o dedicarse a otros oficios. El riesgo es claro: fincas abandonadas y pérdida de diversidad cafetera porque el negocio en sí no es sostenible.
- Cada vez más eventos, pero menos impacto: La fusión de la SCAA y la SCAE en 2017 expandió el alcance de ferias y congresos, pero también dio lugar a una percepción de mayor transaccionalidad: más stands y networking, menos acciones tangibles para mejorar la sosteniblidad en origen.
- Distracciones caras: La introducción del Coffee Value Assessment (CVA) ha sido recibida por algunos como una distracción o quizás, otra forma de ingresar dinero. Un curso de CVA puede costar 380 dólares incluso en países productores, una cifra que para muchos agricultores equivale a semanas de ingresos.
- ONGs y asociaciones desconectadas: Muchas organizaciones sin fines de lucro no cumplen su función como “puente de mercado” real. La Specialty Coffee Association, pese a su influencia global, no facilita directamente el comercio entre productores y compradores.
En lo que todos hacemos la vista gorda: los precios en la industria del café
Si hay algo en lo que coinciden muchos expertos es que no basta con hablar de calidad, trazabilidad o innovación si el precio que recibe el productor no cubre sus costes y deja un margen digno para vivir. Es decir, un producto no puede ser sostenible si las personas que trabajan en ello, no tienen un sueldo que les permita vivir y no solo sobrevivir.
Las asociaciones comerciales deberían facilitar encuentros directos entre productores y tostadores. Modelos como Let’s Talk Coffee, donde los tostadores financian la participación de productores, muestran que cuando ambas partes se sientan en la misma mesa, nacen relaciones duraderas y colaboraciones sostenibles que van más allá de la compra puntual.
Por otra parte, en lugar de centrar recursos en evaluaciones y competiciones, se deberían destinar esfuerzos a construir un mercado que valore económicamente la sostenibilidad del productor. Iniciativas como World Coffee Research, que financia la investigación cobrando una pequeña tarifa por libra de café, demuestran que se pueden integrar soluciones sin depender exclusivamente de donaciones.
Crisis multifacética de la sostenibilidad del café
La crisis del café no es solo económica: está íntimamente ligada al cambio climático y a la falta de políticas públicas que protejan al productor y las soluciones también implican varios actores.
- Datos claros y compartidos: La relación entre clima y economía debe explicarse con honestidad y en lenguaje accesible. No basta con que esta información circule en conferencias especializadas: debe llegar a todos los actores de la cadena.
- Papel de los gobiernos: Retomar mecanismos de apoyo como los acuerdos de precios mínimos de la Organización Internacional del Café (OIC) podría ofrecer cierta estabilidad.
- Reconocimiento de la urgencia: La industria debe aceptar que el tiempo se agota. Muchos tostadores pequeños ya operan con márgenes cercanos a cero debido a los aranceles y la inflación. Si ellos no pueden pagar más por el café, y los productores no pueden recibir menos, el sistema entero está en riesgo.
- Enfoque en lo esencial: Menos energía en debates como el del CVA, en festivales donde no puedan asistir productores, y mucha más en garantizar que las familias caficultoras puedan vivir de su trabajo. Lo cual se traduce en más sostenibilidad en la cadena de café.
En A Coffee & A Story creemos que…
Detrás de cada kilo de café hay años de trabajo, decisiones difíciles y una lucha constante contra un sistema que, hasta ahora, no ha sabido recompensar justamente a quien lo hace posible.
El café de especialidad puede ser parte de la solución para mejorar la sostenibilidad del café… pero solo si volvemos a poner el foco en lo que importa: que cultivar café siga siendo un futuro viable para las próximas generaciones. Desde A Coffee & A Story hemos encontrado gente que piensa parecido a nosotros. Por mencionar dos de las principales fuentes: el podcast de Map It Forward y el libro de Karl Wienhold.
No se trata de contar historias bonitas sobre fincas y tipos de procesos anaeróbicos con notas de cata que sólo saborean unos pocos. Se trata de que sean proyectos de sostenibilidad de verdad, para todos. Para eso, tenemos que hablar con claridad sobre el precio que pagamos por cada taza.